Estoy oxidada para la escritura. He adquirido una fluidez envidiable para redactar en términos de la lógica “objetivos – metas – resultados esperados”, pero estoy así como discapanch para la narrativa. Si no hay una cancerosa con metástasis, un negro pobre adicto al paco, o un mogólico con espina bífida involucrado, apenas puedo hilvanar dos líneas.
Tampoco puedo leer. Bah, para, un poco menos de whateverización. Tengo literatura de inodoro a la que releo y hojeo a intervalos regulares, y tengo mucho Word convertido a PDF sobre el teletrabajo, y bastante fotocopia sobrevaluada sobre la génesis del Estado capitalista o el rol de lo intelectivo en la percepción de un objeto de diseño, pero de lo otro, ni hablar.
El Soviético vomita indignado cada tres minutos data del sistema circulatorio de la latina América y me pregunta qué me pasa que yo, palabra – caníbal, prefiero colgarme un domingo de no trabajar de editor mirando un filme pedorro a retomar la última mierda impresa típica de estudiante de sociales pseudo peroncho bolche. Yo me le tiro encima como un hurón hambriento de cariño y ya ninguno de los dos lee, porque soy así de gorda forra y absorbente que quiere todo el tiempo que le den pelota a ella, a ella. Un cangrejo típico, con un escorpión típico.
No puedo creer que dejé de fumar justo cuando me compré la cigarrera más CTMB OMG SUPA KAWAII del universo, con un conejo con burbujas y sin boca, como todas las cosas japopretty que se precien de tal. Más de medio cigarrillo no aguanto, me mareo como una preadolescente con el himen intacto. Sobretodo con estos cigarrillos del orto que dejó Andrés en casa. Hablando de eso, salí para la mismísima mierda en todas las fotos de mi festejo de cumpleaños. Me rehúso a creer que esa estrábica cara de esponja soy yo.
Oscilo – esquizo entre la tanada más absoluta y una cierta y preocupante tendencia a que todo me sobe la almeja. Digo preocupante porque la condición sine qua non para que yo sea chistosa es que pueda urdir con relativa celeridad cuatro o cinco genialidades de almacén de ramos generales y use mucho las palabras orto, forro, y sobapete. Ahora cocino palmeritas caseras y proyecto aprender a tejer al crochet. No voy tanto a recitales (soy pobre), tengo una tarjeta del Día Discount que auspicia todos mis eventos y más de dos docenas de empanadas en el freezer de souvenir, dos finales pendientes en el llamado especial de agosto, y un parcial de Diseño Gráfico colgado. También tengo una caja con mucho artículo de librería lindo y caro que no uso. Tengo amigas que no les gusta salir a pasear, o no les gusta venir a mi casa, o directamente no les gusto yo, quién te dice.
Escribo y no, lo que sigue acá no lo copipasteo, porque terminó siendo unacartadeamor y no, dije, ni da. Pero te amo.-